un dolor profundo
dentro de un corazón orgulloso que no puede vomitar
se va escabullendo a contra tiempo
lejos de compases inconclusos.
cada mañana se entromete en la ciudark
a ver si una moneda cae
desata melodías cercanas
profundas en amargura
aunque por fuera pareciera algo contento
sintiendo como cada nota derramara al abstinencia
de no querer vivir en la superficie.
por las veredas transita un publico muerto
y no lo saben
llevan bolsas llenas de placeres dormidos
mas bien contradictorios
como si en cada bolsa estuviera contenida esa felicidad absurda
todxs amotinados en filas y filas
y cada uno obedeciendo al pie de la letra el distanciamiento social.
la yuta pasea custodiando la maquinaria extractivista
como si nada hubiera pasado
como si el cemento y la pintura ploma
hubiesen borrado cada rastro de desobediencia
a veces suele escuchar las piedras impulsadas por el odio
esperando que en alguna de todas sus canciones
logre impregnar en su somnolencia
las ganas de destruir todo.
la lucha continua gritan las paredes
mientras de noche el fuego impulsado hacia la autoridad
es una celebración para la fiesta futbolística neoliberal
y en las altas cumbres del cuiquerio
nadie quiere, ni logra notar
aquella grieta que cada vez crece
en cada rincón periférico
fuera o dentro de la urbe
la ganas de florecer sobrepasando el cemento.
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